MI PINTURA,

UN AUTORRETRATO,

SIMPLEMENTE VERDADERO.

DutyGorn es un artista en constante tensión experimental que se expresa a través de una especie de metalenguaje. Un mensaje pictórico híbrido, ya que se compone de varios gestos, tanto de signo como expresivos, formados originalmente a partir de sensaciones recogidas en la calle. DutyGorn reelabora instintos y sugerencias arrancadas directamente de la vida cotidiana del Milán acomodado, de sus contradicciones grotescas y cautivadoras.

No es casualidad que su formación sea de escritor ’95: es de la sociedad de donde adquiere los códigos de la comunicación, esas múltiples superposiciones llamadas «formas de vida» por Wittgenstein y las transforma en insumos de sentido que cobran significado, se transforman y establecen relaciones recíprocas, sólo si se descifran en relación con el contexto cultural en el que existen y su multitud de símbolos, hábitos y creencias. Las primeras obras, creadas a finales de los años noventa, son letterings, escritos gráficamente depurados que se caracterizan por un corte estilístico personalizado, dictado por las únicas reglas del camino que se transmiten casi como una atávica tradición oral. «palabras» impregnadas de fragmentos robados a la sociedad acelerada del mundo cibernético actual, pero también de esquinas, de destellos de la ciudad en la que el artista vierte su controvertido ser.

Casi sin darse cuenta, DutyGorn llega a la siguiente etapa y desde el 2000 comenzó a trabajar en paneles de madera contrachapada y lienzos, donde con spray, pincel y acrílico, empezó a centrar su atención en nuevos detalles, esta vez detalles anatómicos de rostros femeninos, nítidamente delineados en el soporte casi siempre limpio y blanco y meticulosamente definidos por un signo aún más emocional: «trabajar el trazo es la única manera de llenar el retrato de alma y profundidad subjetiva‘, recuerda el artista.

Se trata, pues, de contaminaciones entre el lenguaje y el comportamiento que van a fundar una arquitectura visual, donde la imagen, la palabra y la evocación histórica colectiva -pero íntima e introspectiva- se ofrecen simbióticamente a la mirada, dando lugar a la creación de verdaderos polípticos de planos descompuestos e interpenetrados (2004/2011).

Al artista le gusta llamar a su investigación multifacética ‘estudios‘ o ‘proyectosUn ejemplo de ello es la serie de Trípticos, grandes retratos que cubren todo el lienzo o, de nuevo, los rostros contorneados, cuyos detalles pretenden simbolizar la idea de pureza aflorando en rasgos aislados, apenas esbozados, en los que prevalece el concepto de eliminación.

Todas ellas son búsquedas diferentes, pero al mismo tiempo posibilidades que pueden utilizarse conjuntamente para perfeccionar cada nuevo trabajo. Este es su hilo conductor: la continuidad. No puede haber un final consumado y concluyente, sino sólo«un continuo rehacer de secuencias ya definidas a las que adherirse«.

En el discurso más amplio del arte contemporáneo, su hacer casi parece seguir una especie de reinterpretación diacrónica de la experiencia Pop. De hecho, DutyGorn parte del anonimato del retrato icónico a lo Warhol, compuesto por sensuales figuras femeninas estilizadas en amplios y densos fondos de color, para luego unir lo pictórico con la palabra como en las inserciones escritas a lo Jasper Johns, para luego invadir el espacio del lienzo con firmas contemporáneas o síntesis simbólicas de significado evocador.

Así es como, en consecuencia, la profundidad de la investigación se desarrolla y la complejidad de la superposición visual corresponde a una intensificación de la investigación intelectual. Así es como toman forma las citas, desde las más mediáticas y «bajas» tomadas del cine y los famosos, que son la cara más conocida de nuestra realidad cultural, hasta las más significativas de la gran literatura de los siglos XIX y XX.

El lienzo vive en planos narrativos incluso cuando no se descompone en polípticos y las copresencias semánticas se condensan en capas de significado estético. La enseñanza de Bachtin encaja bien, pues fue precisamente de la observación de la novela de Dostoievski de donde extrajo la necesidad multilingüe del hombre, que se filtra de sus personajes, nunca íntegros y unívocos, sino que apelan a una interpretación externa para ser vívidos, reales, incluso polisémicos. Al igual que los protagonistas de las páginas de Dostoievski, los de los lienzos de Duty Gorn viven en la intimidad multifacética del artista-autor: «rostros que se rompen para revelar sus almas más profundas». Pero, al mismo tiempo, también hablan desde el lado del observador, necesitando que su mirada sea construida, evaluada, investigada para recomponer las fracturas de los polípticos.

Si el estilo puede caer a veces en los lugares comunes del lenguaje popular, casi serigrafiado y aséptico, lo que se está llevando a cabo es una potencial desublimación -la contrapartida de una parte de ese pensamiento pesimista que quiere entender estas representaciones como factores de la cultura de masas portadores de la decadencia social e histórica- combatida al son de gestos excéntricos, halagadores y armoniosos. Se manifiesta como el polo opuesto de otro arte hipercontemporáneo que se comunica, en cambio, a través de la capacidad profanadora de lo feo y resulta ser portador de un mensaje de reinterpretación positiva, que es, en definitiva, el mensaje contemporáneo de la «cultura afirmativa», finalmente consciente de sus propios mitos pero también de sus propias ilusiones.

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